Y ésta ha sido y es la gran sorpresa, porque el conjunto de obras desplegadas, como testimonio fehaciente de la calidad de la pintura presentada, ha superado las más generosas ,exigencias. Los encargados del menester de seleccionar la obra más significativa de la muestra consiguieron, sin demasiado esfuerzo calificar a los cinco que consideraron más dignos de mención, y rescataron para su contemplación y posesión de los espectadores de la exposición, otras veinticinco obras, todas las cuales pudieron haberse proclama4o vencedores, porque todas eran dignas.
Y de entre estas veinticinco finalistas, cabría destacar algunas de las que durante el análisis que realizaron todos los miembros del jurado, fueron objeto de muy especiales señalamientos.
Resultaría arriesgado y acaso hasta contradictorio que después de atribuidos premios y menciones, intentáramos nosotros apartar por nuestra cuenta, las pinturas que sin haber obtenido premio principal son merecedoras de muy especial atención, quizá porque en ellas se aprecian rasgos que en el fragor de la prueba se perdieron.
Y no como mención de consolación, sino como apelación a un ajuste real de valores, quizá conviniera rescatar una por una estas pinturas quedaron gloriosamente en el camino, para dar la dimensión real de esta iniciativa, tan brillantemente amparada bajo el pabellón del Corte Inglés.
Yo, personalmente, y digo para salvar posiciones críticas de mayor valor, no creo en la pintura rápida, como no creo en la poesía de los versolaris, ni en la música de los electrificados. La pintura es arte que exige tiempo y serenidad y claridad de ideas y paciencia técnica.
Peul Klee, que no era pintor de improvisaciones, se adelantaba a proclamar: «No hay que apresurar nada». «La obra ha de crecer siempre cada vez mas alto y cuando llegue su hora, pues tanto mejor ... ».
Es posible, es seguro que a muchos de los presentados a esta brillante iniciativa, les haya llegado su hora y también es posible que para. aquellos mismos se den cuenta de esta feliz circunstancia sea menester que alguien, de entre los espectadores, les indique con su leal adhesión, la singularidad de su trabajo y la gloriosa amplitud de sus perspectivas.
Así, en el momento de prestar esta apoyatura, ya sin otra posibilidad de galardón que el de la admiración personal, me sucedió a mí con un cuadro, con una versión luminosa, vibrante, fervorosa, toda luz y color, presentada por una muchacha, absolutamente ajena a mi repertorio de conocimientos, Gemma García Blanco, que aporta silenciosamente, humildemente, uno de esos veinticinco cuadros que ayudan a convertir este evento veraniego, en una de las mejores demostraciones de buen arte que se han propuesto en León en el último ejercicio.
Es tal la naturaleza de la pintura ofrecida que no parece que se haya engendrado ni parido con el apresuramiento y la preocupación de la pintura «rápida», en la que no tengo fe, pero que depara sorpresas tan gratas como ésta patrocinada por El Corte Inglés, el Diario de León y el Ayuntamiento de la capital.
Gemma y el Expresionismo
Eugenio de Nora
Todo el mundo sabe que el Expresionismo fue un movimiento de vanguardia surgido hacia 1910 en Dresde, Munich y Berlín, abarcando a la voz la poesía, el relato, la pintura y la música; que muy pronto (ya desde sus orígenes) aparece entremezclado con el fauvismo, el grupo Dadá, los cubistas y el surrealismo. Es también sabido que esta tendencia, en un sentido estricto, dura poco: en su versión poética se ha establecido incluso sólo un decenio de vigencia (Lyrik des exspressionistischen Jahrzehnts, 1955), exactamente de 1910 a 1920, con obras de Georg Heym, Franz Werfwl, gottfried Benn, Georg Trakl, J.R. Becher y Ernst Toller; en la misma idea abunda Germán Gullón (La poesía de la vanguardia..., 1981), al situarlo entre el futurismo, algo interior, y el dadaísmo, inmediatamente subsiguiente, con las que para él son figuras claves (junto al poeta Trakl, los músicos Mahler y Schönberg). Sin duda, en lo literario, habría que añadir aquí al gran narrador Alfred Döblin, cuya Berlín, Alexanderplatz data precisamente de 1920. (Y un breve paréntesis: entre nosotros, y por las mismas fechas, las obras líricas, dramáticas o narrativas de Valle-Inclán, que desembocan en el "esperpento", son genuinamente expresionistas).
Pues bien; pasando ahora a la pintura, y si nos atendemos a lo esencial, desde el nombre mismo a la vigencia y a la virtualidad de su significado, hay desde luego expresionismo, en Picasso, antes y después del "Guernica"; lo hay en el torturado Van Gogh, en Goya y en el Greco, y, más allá, en los vitrales de las catedrales góticas, en los mosaicos bizantinos, o incluso en las máscaras o figuras "primitivas" y prehistóricas.
Dicho de otro modo: el expresionismo, le demos el nombre que le demos, va unido al proceso mismo de la creación plástica como tal: siempre que el artista, más bien que agradar o deleitar, busca impresionar o conmover, o simplemente expresarse.
Por eso está en la lógica de las cosas ese resurgir tardío, epilogal, en cuanto recuperación de lo siempre vigente, de la teoría y la práctica de Baselitz, como en la obra de R.S. Carralcro. Y en este ámbito aparece la creación de Gemma García Blanco. El camino podía haber sido otro, pero ha sido ese. En cualquier caso, no se trata de resucitar una vanguardia histórica, sino de acceder, a través de un prestigio renovado, a una forma, a una determinación esencial de lo permanente. Por eso vemos en estos cuadros una más que voluntad, rabia, visceralidad de la expresión, donde los elementos del más deslumbrante "Scuvisme" alternan, o confluyen con rasgos de gravedad hicrática o de profundidad surrealista.
Mejor que decir o explicar, miremos: esos cuadros tan sobrios como desbordantes, tan sencillos como insólitamente enigmáticos.
Para mis, en ese acercamiento al misterio o de lo que es, en ese encarar lo inegable con resolución y sencillez, reside el toque supremo del gran arte, sea música, pintura o poesía.
COLORES, PALABRAS...
Luis Mateo Díez
Nada más grato que encontrar las huellas familiares en la mirada de alguien que pinta el mundo, quiero decir en el universo plástico que esa mirada contiene y deposita.
Uno vuelve sin reserva al patrimonio de los afectos y no hay mejor conducto para ese regreso que el que marca el recuerdo. Tantas cosas recordadas, tantas personas queridas y tantas cosas y personas perdidas, demasiadas ausencias.
Pero nada más grato que ese encuentro que, además, supone un descubrimiento, como el que hago con los cuadros de Gemma García Blanco.
Gemma mira el mundo, ve las cosas, siente sus percepciones de artista con una explosión de color y vitalidad, y este tipo de explosiones son de las que de verdad reconcilian con la pintura, ya que nos retrotraen a los más originario de la misma, al gusto de una expresividad no contaminada.
Todavía es posible sentir la emoción de un trazo enérgico y de un color que revienta con todo su poderío en la herencia expresionista, sin que se pierda la inocencia de su temblor lírico. Como si todavía fuese posible mirar el mundo para inaugurarlo, celebrar su existencia sin que la inocencia lo ablande y contribuya a su esplendor.
La pintura de Gemma es misteriosa, y yo debiera ser capaz de deslindar algunos de los afectos
que contiene, porque no me queda m ras remedio que sentirme comprometido en lo que familiarmente Gemma y yo compartimos, que no es solamente un paisaje de infancia, en mi caso mucho mas lejano que el suyo.
Gemma es de esas pintoras que vive en los cuadros. El color es una razón para vivir, del mismo modo que las palabras son una buena razón para existir.
Ahora, en esta Exposición, nos permite acompañarla y hacía mucho tiempo que yo no me sentía tan agradecido.
LA APASIONANTE PINTURA DE GEMMA
Victoriano Crémer
Estoy seguro: No se trató de un descubrimiento con los que los llamados al Festival tratan de justificarse ante sí mismos porque en el Arte no existen ni los inventores de genios ni los descubridores de novísimos.
El que de verdad lo es, podrá acabar oscuramente sin páginas ni columnas que lo proclamen, que lo acrediten, porque el elector, el gran padrino, el profesional de las investigaciones, suele ser escasamente sensible o significativa mente presuntuoso, hasta el punto de pretender sobreponer su soberbia analfabeta a la sublime magnificencia de¡ creador.
De ahí que lo aconsejable sea no atenerse dócilmente a los extravíos de los entendidos con título.
La pintura de Gemma García, se me impone, se me impuso, a la primera mirada, a la primera insinuación, desde un caballete prodigioso, capaz de sostener la inmensidad de la Pulchra 1,conina, sin debilidad, sin extrañamiento.
La mirada de la pintora parecía perdida y sin embargo la mano rescataba y estampaba sobre el lienzo, los más valientes deslumbramientos: Era una Catedral que reventaba color por todos los poros de sus piedras.
Y ante aquella metamorfosis, que resultaba como una recreación mágica, pude darme cuenta de que me encontraba ante una pintora de tan arraigados fundamentos que provocaba una extraña y profunda seducción. Quiero decir que me parecía una pintura con voz propia, porque hay arte mudo para los ciegos.
Una pintura que obligaba a establecer un apasionado diálogo. Una pintura para la comunicación.
Exhalaba la obra de Gemma una emanación que acaba por envolver al espectador y le obliga a gozarse en ella.
El colorismo con que recubre su dibujo seguro y firme, lejos de abrumar el motivo de observación, le dota de una vida total, palpitante, transmisora de la vida real, transmutada a especie artística.
El retrato, el paisaje, los motivos urbanos, cobran vida, movimiento y hasta razón de ser, quizá o sin duda, porque la autora de estas milagrosas figuraciones ha roto las barreras convencionales que convierten a la mayor parte de las expresiones estéticas en dóciles ejercicios de mimetismo.
Paul Gauguin lo dejó escrito ("Escritos de un salvaje") para caminantes sin rumbo:
"Posiblemente es debido a nuestras viejas costumbres europeas, a esa timidez en la expresión de nuestras razas bastardas".
GEMMA: LA ESENCIA EXPRESIONISTA
Antonio Natal
El papel del artista, pintor o escultor, consiste en "forzar los límites de lo posible" (F. Torres). Esta expresión que describiría adecuadamente la tarea de Baselitz, también se puede aplicar con acierto a la pintora leonesa Gemma García Blanco que firma sus cuadros como "Gemma".
El expresionista Baselitz, "uno de los artistas fundamentales en la renovación plástica europea", expuso en el IVAM (Valencia) en 1991 y 2001. Fue profesor en la Facultad de Bellas Artes de Berlín hasta 1998. Afil lo conoció Gemma, estudiante en esta Facultad por obra y gracia de una beca Erasmus. Aunque Baselitz había terminado formalmente su etapa docente, volvía con cierta frecuencia a la Facultad para dar conferencias o hablar con los estudiantes. Este mito andante, encarnación de] expresionismo alemán, envolvió con su atmósfera a Gemma que se considera admiradora de Baselitz y de Rafael S. Carralero.
Aunque la esencia expresionista pretende "forzar limites" y pisar raya dentro de lo posible, mantiene los pies en el suelo y el contacto radical con la tierra. Georg Baselitz tomó el pseudónimo de¡ nombre de su pueblo: Deutsch-baselitz. Gemma, por otra parte, hace de su tierra - Ordás, La Magdalena, San Andrés del Rabanedo, la ciudad de León - una fuente predilecta de inspiración, que recrea en acuarelas, óleos, carboncillo, grabados, etc..
Nietzsche había preconizado la fidelidad a la tierra como la aurora de la nueva estética, la fuerza que nos permitirá superar la metamorfosis. En nuestra pintora, expresionista por los cuatro costados, la resolución feliz de la metamorfosis resulta evidente. Ha pasado al otro lado de] abismo, con éxito y con facilidad.
El expresionismo nació en los albores de¡ siglo XX e impregnará probablemente todo el siglo XXI. "Tiende a imponer la sensibilidad del artista a la representación de¡ mundo exterior". Deforma, de alguna manera, la realidad para acentuar la tragedia, la alegría y las sensaciones ocultas en el fondo de¡ inconsciente. "El grito" de Munch, constituye un paradigma de expresionismo, aunque este movimiento comienza realmente en Dresde para continuar en Munich y Berlín. No obstante, este fenómeno alemán se extendió por toda Europa, rozando temporalmente a múltiples genios de la Pintura como Picasso o Modigliani. Tal y como ocurriera con el surrealismo, el expresionismo contagió a todos los sectores de la cultura: cine (F. Lang), música (Schünberg), literatura (Rilke), etc.
Volviendo a los orígenes, hay que situar en 1905 el momento en que cuatro estudiantes de arquitectura deciden dedicarse
solamente a pintar y conforman en la ciudad de Dresde una comunidad de artistas que comparten materiales, talleres y experiencias. Sus visitas al museo Etnográfico les permiten descubrir las culturas de¡ Pacífico y el embrujo de¡ arte africano. Picasso detectó también la misma vibración africana.
La obra de Gemma está teñida de una bruma atávica y etnográfica, con vocación de retorno a lo original, al inconsciente colectivo. Un velo misterioso y poético reclama del espectador una admiración interactiva que descubra paso a paso la esencia, la sustancia.
Kircliner, pionero del expresionismo, fundó el Grupo "Die Brücke" (El Puente), verdadero embrión del expresionismo alemán. Poco después, Nolde se unió a este colectivo. También Nolde nació en un pueblo, del que cogió su nombre artístico. Emil Hansen, "Nolde% reune con Kircliner las esencias del expresionismo.
Tanto Gemma como los precursores expresionistas no tienen piedad con el color. Heredan los botes de pintura fauvista. Los bosques de Gemma tienen más pintura que árboles. En este caso, el árbol no sólo no nos impide ver el bosque, sino que el árbol es el bosque, y la flor todas la flores, y la mariposa, ocupando toda la pantalla, simboliza todos los colores y todas las posibilidades. El lenguaje de Gemma resulta un tanto cinematográfico.
Poco después en Munich, aparece una publicación (Almanaque), "Der Blaue Reiter" (El Jinete azul), liderada por Kandinsky. "A ambos --escribe Kandinsky- nos gustaba el azul; a Marc los caballos y a mí los jinetes". El azul que Gemma utiliza con maestría en una buena parte de sus cuadros, conecta con la "Portada azul del Alinanaque" (Kandnsky), con "Los grandes caballos azules" de Marc, con las "Oleadas" de Nolde y con el fondo azul de los "Caballos blancos" (Hecket).
Partiendo del terreno expresionista, Kandinsky y Paul Klee se convertirán en los verdaderos maestros de Bauhaus. Los colores rojos, naranjas o violetas queman los cielos, reflejan el oro de las médulas (Omaña), o irisan los ríos y remansos leoneses. Se transparentan sobre los lienzos de Gemma, "El velo rojo" (Jawlensky), la "Cita con el universo" de Munch, o la "Piedad" de Kokoschka.
Por encima de otras consideraciones, hay que destacar el tratamiento que nuestra pintora da a la figura humana y especialmente al rostro. Para ella los ojos y las mejillas no son solamente el espejo de nuestra realidad interior sino la pantalla en la que se reflejan todos las circunstancias sociales. "Yo soy yo y mi circunstancia -escribía Ortega y Gasset- y si no salvo la circunstancia, no me salvo yo". Ortega, diputado a Cortes por León, consideraba que
modernizar la cultura (la estética) española venía a ser lo mismo que curopeizarla o germanizarla. La historia y el movimiento expresionista, le dan la razón. También "profetizó" don José que la modernización de la cultura al final M siglo XX, sería obra de mujeres.
En el retrato, en el autorretrato, Gemma se supera a sí misma. Verdes y amarillos acercan los rostros de nuestra pintora a las "Dos muchachas sentadas sobre las dunas" (Müller), a las "Cinco mujeres en la calle" (Kirchner) o a los "Bañistas bajo los árboles" que pertenece también al fundador M expresionismo.
El color amarillo es la pasión secreta de Gemma. Reconoce que aún no ha encontrado la clave de¡ amarillo de Van Gogli, precursor con Goya y el Greco, de¡ movimiento expresionista. El estudio de Genima es amarillo (Gelb Atelier), también los lirios del Omaña amarilican e incluso los campanones, pioneros de la primavera leonesa.
A partir de 1969, Baselitz, el espíritu artístico de Berlín, decidió colgar los cuadros cabeza abajo. Quizás recordó aquel dicho de Marx respecto a Hegel: "colocó al hombre cabeza abajo" al dar mucha importancia a la ideología y poca a la economía. Baselitz preriere que nos fijemos más en la composición que en el tema de¡ cuadro; por esa razón pone sus obras cabeza abajo.
Sin dármelas de profeta y con la única intención de poner las cosas sobre los pies, debo señalar que Gemma es una pintora expresionista de calidad. De su obra hablaremos en los próximos años o quizás en los próximos siglos. Esta exposición comenzó su preparación remota en el Berlín de 1993, coincidiendo con los tiempos en que esta pintora bebió la luz y la sombra de los muros y de las libertades: Berlín.
A Gemma le sentaron muy bien estos aires alemanes. Comprendió que tenían aromas similares a las de los campos leoneses. Los dos últimos años -cambio de milenio incluido - Gemma los ha dedicado a realizar un trabajo intenso, una reflexión profunda que va desde lo concreto hacia "la totalidad de¡ ser y del destino humano". El arte se confunde con la vanguardia, con los límites nuevos.
A la tarea de ir un poco más allá, al intento de construir una obra expresionista más perfecta, ha dedicado Gemma mucha ilusión, muchas esperanzas, mucho calor y muchísimo color. Enhorabuena y suerte.
AZUL DE OFELIA PRERAFAELISTA SALVADA DE LAS AGUAS
Guama García Blanco
(Por el autorretrato sáficopolarpigmentopuro de Guama García Blanco con toques amarillovegetalVanGoght de fondo)
He quedado contigo en el azul de Pedro Salinas.
Llegas. Pienso: mil maneras o más de distinguirte y ninguna de conocerte.
Estás tan triste sobre el agua salada de los meses, desnuda como el tiempo en La voz a ti debida o en Razón de amor.
Sé de la indiferencia febril y diminuta como el suspiro rojo de tus labios pequeños sobre un llanto de flauta.
He quedado este otoño en sembrar la distancia de luz o poemas puros reflotados como un barco de lágrimas sobre la maldición,
Si hoy abriera esos libros tú te sorprenderías persiguiendo delfines que se aman enseñándonos la piel.
Ya lo sé. Ya lo sé. El azul de Salinas acaso sea una copa donde nadan tus ojos que ya se desordenan.
El miedo. El libro. Nosotros no entramos porque somos viajeros
nostálgicos que viven de lo que hay en sus maletas.
Veo tu rostro que emerge de cielos vertebrales mientras pienso
en el viejo escritorio, cada noche en Puerto Rico, con la lámpara encendida
o me pregunto:
¿La tinta es un pingüino en el papel?
¿Qué pensaría Salinas al mirar este cuadro sino en un arponero?
Ojalá también tú cuando despiertes traigas contigo el mar.